La artista canaria habla de su evolución personal y profesional, de su relación con la brujería y qué hay detrás de su personaje televisivo en Drag Race España
«Se acabó la maldición de las canarias conmigo». Así entraba Vanessa Artiles hace más de un mes al werkroom de Drag Race España, dispuesta a dejar huella desde el primer momento. Con una personalidad arrolladora, una propuesta artística muy marcada y una faceta espiritual que no deja indiferente, la artista se enfrentaba a una competición en la que tendría que demostrar mucho más que su talento sobre los escenarios.
Ahora, con la experiencia ya vivida, Vanessa hace balance de un recorrido lleno de retos, momentos de tensión, creatividad y aprendizaje. Desde el esfuerzo que supuso sacar adelante varios vestuarios hasta su papel como capitana y la convivencia con sus compañeras, la quinta eliminada de Drag Race España 6 repasa los episodios que marcaron su paso por el programa y reflexiona sobre lo que significa exponerse ante las cámaras.
Pero detrás del personaje que el público ha conocido en televisión hay una artista con cerca de veinte años de trayectoria, que ha construido su propio universo a base de trabajo, espectáculo y personalidad. También hay una Vanessa vinculada a la brujería desde hace años, una faceta que forma parte de su vida más allá de la pequeña pantalla. En esta entrevista para Padding, habla sin filtros de todo ello, de las críticas, de la edición televisiva y de lo que se lleva de una experiencia que, asegura, le ha permitido crecer tanto artística como personalmente.

Ahora que has regresado a la realidad y estás fuera del concurso, ¿cómo te sientes y de qué manera estás viviendo la salida?
Como en todo, obviamente nadie espera salir. Pero creo que todavía quedan cosas por ver. En ese momento fue un shock, porque realmente no entendía lo que estaba pasando.Yo siempre he sido crítica, tanto en el concurso como fuera de él. La mayoría de la gente suele mirar por lo suyo y pensar que lo propio es siempre lo mejor. Yo no soy así. Cuando voy a un sitio, miro lo mío, pero también miro a izquierda y derecha. Valoro lo que hacen los demás y después decido en qué posición me coloco. No voy a decir que lo mío es lo mejor y punto, porque ha habido momentos en los que yo he estado espectacular, pero también semanas en las que otros compañeros han estado increíbles.
Creo que la gente me ha cogido cariño porque ha ocurrido algo parecido a lo que pasa en esas películas en las que, al final, descubres que el malo es el bueno y el bueno es el malo. Se produce un giro que te deja completamente sorprendida. Mucha gente, al principio, cuando aparecí con el leopardo en el Meet the Queens y demás, tenía una imagen de mí y pensaba: «A esta no la vamos a aguantar». Tenía muchos haters. Pero, capítulo a capítulo, el personaje se fue construyendo y la gente terminó volviéndose loca.

¿Cómo ha gestionado Vanessa Artiles la exposición pública después tu participación?
Yo ya venía preparada de casa para todo lo que implica aparecer en televisión. Al final, es un programa y hay que ser realistas. Todo programa tiene su montaje, su edición y sus cortes. No todo lo que vemos es necesariamente la realidad completa. No hay que tomarse al pie de la letra todo lo que aparece en una cámara, porque la televisión no funciona así. Hay que entenderlo como entretenimiento: puede gustarte más o menos, pero es televisión y tienes que aceptarla tal y como viene, tomándola como una experiencia. No puedes decir que todo ha salido fatal y quedarte ahí. Si algo te ha salido bien, aprovecha las circunstancias. Y si algo te ha salido mal, aprende. En el futuro, ese error que crees que has cometido te puede venir muy bien, porque sabrás que no debes volver a tomar ese camino y que tienes que elegir otro. Las cosas nunca salen mal, las cosas suceden porque tienen que suceder. Cuando nos presentamos a un concurso, tenemos que ir con el no por delante. Por muy perfecta que creas que vas a estar, incluso en los concursos más grandes de la historia, siempre habrá problemas y gustos diferentes. Da igual el tipo de concurso, la orientación sexual de sus participantes o el ámbito en el que se desarrolle. Siempre ha habido desacuerdos, confusiones y distintas opiniones sobre lo que era correcto y lo que no. No es algo que ocurra únicamente en este programa. Ha pasado a lo largo de toda la historia.
Te hemos podido ver muy cerca de ganar un capítulo. ¿Qué reto has disfrutado más?
El de costura lo disfruté muchísimo, pero también lo sufrí mucho, mucho. Las cosas como son. No es lo mismo hacerme únicamente mi propio vestuario, como ha ocurrido en otras ocasiones, que tener que preparar prácticamente cuatro vestuarios. Si la prueba hubiera consistido en hacerme solo mi ropa, otro gallo habría cantado. Habría tenido que hacer la puerta más grande para poder salir porque habría añadido hasta ruedas al traje. Pero, claro, en aquella ocasión tenía que hacer prácticamente cuatro vestuarios, así que la cosa se complicó bastante. Aun así, el resultado fue espectacular.
El Snatch Game lo viví como un aprendizaje. Cuando llevas tantos años dedicándote a esto, tienes muchas cosas muy trabajadas y asumidas. Sin embargo, allí juegas con otras reglas, otras normas y otras circunstancias. Por mucho que domines un personaje, si ese personaje no te ayuda a estar en el tono que requiere la prueba, no es lo mismo. Hay pruebas que necesitan que tu personaje sea histriónico, muy expresivo y saltarín. Si, por muy bien que lo hagas, tu personaje no te permite gritar o desenvolverte con fluidez, eso también se tiene en cuenta. No me arrepiento de nada, porque todo tiene que pasar como tiene que pasar y en el momento en que tiene que ocurrir.

¿Qué has descubierto de ti misma que no supieras antes de entrar en la competición?
Que soy más bruja y más puta (Risas). Creo que me he descubierto en ambas facetas. A nivel profesional he crecido en otros aspectos y en otras líneas de trabajo a las que no estaba tan acostumbrada. Y, a nivel espiritual, también he trabajado muchas cosas de las que no puedo hablar. Hay cosas que no se ven en el programa, pero yo sé lo que viví y lo que pasé. Estar allí, sola y completamente desconectada, me ayudó muchísimo a crecer, tanto espiritual como esotéricamente. Tuve mi momento de aprendizaje y crecimiento personal.
La brujería siempre está presente para Vanessa.
En realidad, nunca estuvieron unidos el personaje y la brujería. Yo quise unirlos porque necesitaba que se entendiera todo. Si en mi Instagram un día subía un ritual y otro día publicaba algo completamente diferente, la gente no terminaba de comprenderlo. Era como preguntarse: «¿En qué perfil estamos?». La única manera de que la gente entendiera que Vanessa puede hacer tantas cosas era introducirlo en un programa y mostrar cómo soy, tanto a nivel personal como profesional y artístico. Es verdad que llevo muchísimos años vinculada a la brujería, pero eran otras épocas y había que medir mucho más lo que contabas. No podías hablar de determinadas cosas porque existía cierto tabú. Hoy en día mucha gente tiene un palo santo en casa o enciende una vela. Entre comillas, parece que la sociedad lo va asimilando y eso me ha dado fuerza para mostrarlo en el programa y, sobre todo, para seguir ayudando a la gente, que es lo que realmente me interesa.
Algunas personas han llegado a describirte como dictadora. ¿Te reconoces en esa descripción?
Sí y no. Esa descripción siempre ha aparecido cuando estamos trabajando en grupo. No ha surgido en otros momentos. Yo llevo muchísimos años trabajando sobre un escenario. Son ya veinte años actuando, así que tengo recorrido y conozco los errores que puedo cometer, pero también sé cuáles son mis puntos fuertes. Cuando estoy en un grupo y veo que puede haber algo que me afecte, que no existe liderazgo o que falta seguridad, ya sea porque no hay suficiente experiencia o porque falta personalidad para asumir esa responsabilidad, tengo que intervenir. Sobre todo, porque si mi propia participación está en juego, no voy a permitir que las cosas salgan mal. Además, se ha visto que, en las ocasiones en las que he intervenido, el resultado ha sido muy bueno. Si realmente fuera una dictadora y quisiera todo el protagonismo para mí, me habría callado, habría dejado que cada una hiciera lo suyo y me habría centrado únicamente en lo mío.

¿Qué diferencia dirías que existe entre ser una persona exigente y ser autoritaria?
La diferencia está en que una persona mandona puede querer imponer su criterio porque le gusta mandar, pero pensando más en sí misma que en los demás. Eso también se ha visto en otras compañeras y en otras situaciones. Para mí, ser exigente significa dejar las cosas claras y pensar en el resultado colectivo. Por mucho que se hable de la dictadura de Vanessa, creo que esa manera de trabajar ha ayudado a que el grupo vaya por buen camino y triunfe. Incluso en la prueba de costura, mi traje fue el último que se fabricó. Me quedé prácticamente haciendo los vestuarios de todas. De hecho, aquel día llegué a pensar que no me iba a presentar. Estaba tan cansada que prefería que ellas salieran, que me echaran la culpa y que pudieran defender sus trabajos. Yo no quería salir porque estaba agotada. Pero, a última hora, conseguimos sacarlo todo adelante y el resultado fue espectacular.
¿Cómo ha sido la convivencia con tus compañeras a la hora de trabajar?
Como en cualquier concurso, cuando juntas distintas personalidades es inevitable que haya choques. Hay personas con caracteres más fuertes, otras más débiles, algunas que se dejan guiar porque saben que esa no es su especialidad y otras que no entienden demasiado del tema, pero es cabezuda y no quieren adaptarse. Es verdad que hay momentos de tensión, como en cualquier grupo, especialmente cuando tienes tan poco tiempo y tan poco margen. Se acumula el sueño y entran en juego muchos factores. Además, es una competición que está pensada para que haya un poco de juego. Durante el concurso yo estoy muy centrada en lo que estoy haciendo, pero cuando podía disfrutar de la tranquilidad, de la paz y de los ratos de juego con mis compañeras, me sentía especialmente unida a Marcus.

El musical fue tu último reto.
Lo disfruté muchísimo. Me fui feliz, y no un poquito: muchísimo. Es verdad que resulta muy cansado, porque prácticamente tienes un solo día para aprenderte las letras, las coreografías y los bailes. Además, tienes que coordinarte con tus compañeras para no perder el hilo conductor. Pero, en general, estoy muy contenta. Es lo que me gusta: el espectáculo, el show y salir al escenario. Es mi terreno.
En ese reto también representabas Maspalomas. ¿Qué significa para ti ser canaria en la escena drag?
Estoy muy orgullosa de mi tierra y de todo lo que hemos conseguido, pero creo que, como, cada uno en su tierra está orgulloso de lo suyo. Creo que mi propuesta es diferente. No sabría decirte que mi estilo sea especial por un motivo concreto o por mi lugar de origen. Cada persona tiene su personalidad, independientemente de dónde venga. Hay drags buenísimos en Canarias, en Madrid y en cualquier otra parte del mundo. No sabría decirte por qué soy mejor o qué tengo yo que me haga diferente. Simplemente es mi estilo y mi personalidad.
Vanessa Artiles ha sido también Drag Vanderbilt durante los espectáculos en Canarias.
Vanderbilt empezó en 2016 y estuve con ese personaje hasta 2022. Vanessa ya existía desde hacía muchísimos años, pero Vanderbilt era algo mucho más exagerado que Vanessa Artiles. Vanessa Artiles siempre ha sido espectáculo, interpretación, chiste y humor. Vanderbilt era la posibilidad de estar en el escenario con mi propio escenario porque yo misma fabricaba toda la estructura. Por eso me presentaba a aquellos espectáculos, porque no había unas medidas establecidas que limitaran lo que podía llevar. El primer año llegué y, en mi segundo año, saqué fuego. A partir de ahí lo prohibieron. En mi tercer año llevé dieciocho metros de escenario y atrezzo. Después de aquello, como vieron que todo era una bomba, empezaron a establecer medidas. El máximo pasó a ser de quince metros, y yo llegué rozando ese límite. Así fueron apareciendo normas y más normas. Era una cuestión de ambición artística.

A lo largo de tu paso por Drag Race has mostrado propuestas estéticas sumamente cuidadas. ¿Cómo fue la preparación de tus looks?
Todo lo he hecho yo. Es verdad que algunas bases se las dejaba a mi compañera Elva García para que me fuera adelantando trabajo mientras yo podía seguir avanzando con los demás vestuarios porque, evidentemente, era muchísimo trabajo. Además, mis vestuarios no estaban pensados únicamente para funcionar sobre el escenario. Hay muchos trajes que, vistos desde lejos o a través de una cámara, pueden parecer espectaculares porque hay luces, cámaras y todo brilla. Pero, cuando los ves de cerca, puedes encontrarte con que no tienen tantos detalles. Los míos estaban más trabajados para que pudieran apreciarse de cerca que para lucir únicamente desde lejos. Y no quiero menospreciar el trabajo de nadie, porque son gustos diferentes. Simplemente, yo he tenido que invertir muchas más horas y mucho más tiempo para terminar determinadas piezas.
¿Qué te gustaría que el público entendiera de Vanessa después de haber visto todo este recorrido?
Básicamente, me gustaría que descubrieran que todo es un personaje, que Iván no va vestido de vampiro las veinticuatro horas del día, ni que cada vez que se ríe tiene que sonar un eco y aparecer un rayo. Soy una persona normal que ha creado un personaje televisivo. En realidad, hay dos personajes: Iván y Vanessa. También soy una artista muy completa en muchos aspectos y capaz de desenvolverse en situaciones muy diferentes. Creo que se ha podido ver la profesionalidad que llevo trabajando durante muchos años, así como la dedicación y la calidad con la que hago las cosas.
Si pudieras realizar un ritual para cerrar esta etapa en Drag Race, ¿qué pedirías o qué dejarías atrás?
Sinceramente, podría decirte que haría algún ritual de progreso para que todo siguiera avanzando, pero es que las cosas ya están yendo tan bien que no creo que necesitara pedir que fueran todavía mejor. No haría ningún ritual de destierro ni de olvido para quitarme nada de encima, porque todo son experiencias, tanto positivas como de aprendizaje. No hay nada negativo: de todo se aprende. Creo que ser artista consiste precisamente en saber valorar todo. Incluso cuando piensas que las cosas están saliendo mal, porque tienes muchos haters o porque crees que te están criticando injustamente, no debes enfadarte ni quejarte inmediatamente. Tienes que pararte, cerrar los ojos un momento y mirar desde fuera. A veces pensamos de manera egoísta y nos preguntamos: «¿Cómo puede ser, si yo lo hice bien?». Pero hay que detenerse y pensar por qué está sucediendo eso. A partir de ahí podrás saber cómo actuar en el futuro.
