La Peña Travesti recrea la boda de Lolita Flores para reivindicar a las folclóricas y su lugar en la memoria popular
El 25 de agosto de 1983, la boda de Lolita Flores y Guillermo Furiase reunió en Marbella a artistas, personalidades y curiosos en una escena que terminó instalándose en la memoria colectiva española. Más de cuatro décadas después, La Peña Travesti revisita la celebración para reivindicar el folclore y una tradición de travestismo vinculada a la cultura popular.
La propuesta forma parte de un proyecto que, en apenas dos años, ha conseguido ampliar sus espacios de actuación más allá de las salas de discoteca. Su llegada al Hogar Virgen de los Reyes y el espectáculo presentado en el Orgullo de Sevilla en homenaje a Azabaxe forman parte de un recorrido con el que la peña busca acercar su propuesta artística a públicos diversos.
«Nos hacía mucha ilusión desde que creamos La Peña Travesti», explica Torreta del Oro, integrante del colectivo, sobre la idea de recrear la boda de Lolita Flores. La posibilidad de llevarla a cabo en el Hogar Virgen de los Reyes terminó de dar forma al proyecto más codiciado por la peña, que celebrará el enlace el sábado 17 de octubre.

La boda de Lolita como memoria popular
Aquel encuentro, señala Torreta del Oro, representa una forma de convivencia entre distintos mundos sociales, una característica que considera también fundamental en la identidad de La Peña Travesti. «La boda de Lolita Flores es la peña de por sí», asegura la artista.
Torreta del Oro recuerda espacios en los que podían coincidir policías, políticos y vecinos de distintas procedencias, compartiendo una misma mesa o celebración. «La baja y la alta cultura española se unían antes muchísimo con las travestis», afirma. Una mezcla de perfiles que reconoce también en el público de la peña, donde conviven personas homosexuales, heterosexuales, travestis y asistentes de distintas generaciones.
La boda de Lolita ofrece un escenario especialmente fértil para recrear una época en la que las folclóricas ocupaban un papel central en la cultura popular. El acontecimiento de Marbella, con la expectación que despertó, permite reconstruir el panorama social que se congregó alrededor de uno de los enlaces más mediáticos de la historia española: la presencia de cientos de ciudadanos de la Costa del Sol, que viajaron hasta el lugar del enlace, desató el caos a las puertas la iglesia de la Encarnación.
La recreación jugará, además, con la aparición de distintas celebridades vinculadas a aquel universo. La peña mantiene en secreto los detalles de su propuesta y plantea una puesta en escena en la que la documentación fotográfica convive con las conjeturas sobre los invitados. Entre las figuras evocadas aparecen nombres como Lola Flores, Lolita, Massiel, Carmen Sevilla, Guillermo Furiase y Antonio Flores.
Folclóricas y travestis: supervivientes
El folclore y el drag, defiende Torreta del Oro, comparten una forma de enfrentarse al escenario, de buscar la complicidad del público y de sostener una presencia escénica capaz de conquistar a quien no llega predispuesto a disfrutar del espectáculo.
«El folclore es mucha supervivencia», sostiene la artista, que reivindica así un travestismo basado en la «frescura» y el contacto directo con un público que, en ocasiones, puede ser adverso. «Es el estar ahí cueste lo que cueste», asevera Torreta del Oro.
Esta tradición, a su juicio, ha perdido parte de su espacio en algunas expresiones contemporáneas del drag y merece ser recuperada sin que eso implique renunciar a otras formas de espectáculo.
Marbella, 1983: todo el mundo quería estar ahí
La estructura de los encuentros de La Peña Travesti, con sus rituales de entrada y pregones, forma parte de una experiencia en la que el público ocupa un rol activo.
«Lo que queremos con la peña siempre es que la gente se lo pase bien, que la gente disfrute, que la gente se haga partícipe del evento, de la fiesta», explica Torreta del Oro. La intención es que quienes asisten abandonen el papel de mero espectador para que se sientan implicados en la celebración y quieran volver.
Esa voluntad de reunir a personas distintas alrededor de un mismo acontecimiento conecta de nuevo con el frenesí de la boda de Lolita. Con ella, La Peña Travesti toma una imagen reconocible de la cultura española y la transforma en un espacio de encuentro en el que las folclóricas se cruzan, una vez más, con el travestismo.
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