La artista drag club kid presenta su nuevo single junto a QueenBitch, con estreno previo en Chicha y un videoclip que celebra la escena ballroom
El 11 de febrero, la artista drag club kid La Sorny lanzó “SORNY”, su nuevo single en colaboración con Queenbitch, Spanish Mother de la House of Mermaid y bailarina residente de Chicha, una de las fiestas más influyentes de la noche madrileña. El tema, ya disponible en todas las plataformas digitales, llegó acompañado de un videoclip estrenado el 15 de febrero en YouTube. Pero antes de su publicación oficial, “SORNY” se presentó en primicia con un show exclusivo en Chicha, reafirmando su naturaleza de pieza pensada para la pista y el cuerpo.
Musicalmente, “SORNY” se encuentra en la tradición sonora del ballroom: beats marcados, silencios estratégicos y golpes rítmicos que invitan al vogueo y a la construcción de presencia en el espacio. En este marco, QueenBitch despliega su talento como commentator con chanteos y crashes que atraviesan el tema marcando el pulso de la escena y dotando al estribillo de una energía combativa y performativa. A su lado, también le acompañaban voguers como Lohana Angels y Daikiri 007. La Sorny, por su parte, ocupa el centro del tablero con una voz que no solo canta, sino que encarna un personaje total: icono, caricatura y manifiesto al mismo tiempo.

La letra de “SORNY” funciona como un acto reivindicativo. Desde el primer verso —“The library is officially closed”— QueenBitch se coloca en una posición de autoridad simbólica. Aquí no se viene a aprender, se viene a presenciar. Con La Sorny, el imaginario del circo y la carpa convierte la canción en un desfile donde la artista trae fantasía y expulsa lo mediocre del foco. Hay una clara jerarquía de pasarela en la que quien desfila manda, quien estorba ensucia el espacio. El estribillo, repetitivo y casi ritual, transforma su nombre en un mantra: La Sorny como marca, como personaje y como presencia imposible de ignorar.
Otros fragmentos de la letra refuerzan esa construcción identitaria mutable y extravagante: “Soy un pantone cada día / cambio color fantasía / like Pat McGrath”. Aquí el maquillaje no es adorno, es lenguaje artístico; la referencia al imaginario editorial conecta directamente con la dimensión de moda que atraviesa todo el proyecto. El cierre con “#menudahumildad” introduce la ironía camp. El ego no es literal, es performativo, es humor drag llevado al exceso como gesto político y estético.
La extravagante personalidad de La Sorny
La Sorny ha construido también su imaginario a través de colaboraciones que atraviesan generaciones y escenas: desde Dita Dubois, artista drag canaria y participante de Drag Race España, hasta Paco Clavel, figura clave del pop más kitsch heredero de la Movida, pasando por Kika Lorace, referente indiscutible del pop drag en el circuito queer nacional. Este cruce de mundos deja claro que La Sorny habita tanto lo underground como lo pop, sin pedir permiso a ninguno de los dos.
En una entrevista para Padding Magazine, la artista citaba como grandes referentes a Alexander McQueen y Salvador Dalí. Del primero toma la idea de que lo interior debe reflejarse sin filtros en la obra; del segundo, la construcción del personaje, el exceso y la fantasía circense constante. “Me gusta que la gente vea mi trabajo como un carnaval continuo”, explicaba. Esa filosofía atraviesa “SORNY” de principio a fin: no hace falta entenderlo todo, basta con sentirlo, reírse, incomodarse o dejarse arrastrar por la estética.

El videoclip potencia esta idea de obra total. La imagen se cuida al milímetro y la extravagancia de la moda —marca personal de La Sorny— se convierte en narrativa: estilismos excesivos, siluetas imposibles y una puesta en escena que mezcla pasarela, circo y club nocturno. No es solo acompañamiento visual, es extensión del discurso de la canción, es decir, la identidad como espectáculo consciente.
Detrás del proyecto hay un equipo creativo que ha sostenido tanto el sonido como la propuesta visual. La producción estuvo a cargo de Sunny Delight y la producción musical se dio gracias a Manuel Bartoll. Además, el local de Chueca, Sissy Bag, cedió el espacio.
