De la normatividad al «transhumanismo»: Santela Rose abre las puertas de su mundo interior para explorar los márgenes de su identidad
Hay un momento exacto frente al espejo en el que la carne humana deja de serlo. En el que llega la distorsión. El reflejo que le devuelve a Joel se devora en el propio cristal y se clava sus trozos a modo de collar para corromperse un poco más. Para crear al monstruo.
Originaria de Galicia y afincada en Andalucía, Santela Rose encontró su hogar en La Novena, un colectivo drag andaluz donde ha podido liberar sus dos naturalezas: la Bella y la Bestia. La estética normativa que coquetea con lo comercial frente al drag clown que destroza la humanidad. Existe algo magnético en lo perturbador.
Hablamos con Santela Rose sobre la necesidad de escapar de las formas humanas, de sus raíces y de la creación de una comunidad desde cero.

P: Tu estética oscila entre la belleza y la monstruosidad. ¿Cómo conviven estas dos facetas en Santela Rose?
Yo creo que me muevo un poco por el drag clown. Es como que no tengo una estética aún definida. Tengo como dos maneras de draguearme: de guapa, que es lo más básico para ir a las fiestas o actuar en sitios más comerciales; y luego la Santela más real, que es la rara, la que se pone una cara blanca, unos pinchos y es Freddy Krueger de repente.
P: ¿Son estéticas no definidas o definidas alternadas?
De guapa ya tengo como más establecido lo que quiero, aunque nunca consigo llegar a hacerlo. De rara no, de rara es experimentar siempre. Voy probando. Me inspiro mucho de Onyx, de Satanasa, de Belial. Sobre todo de drags que tengan shows, me inspiran más los shows cuando hago un drag alternativo que el maquillaje en sí.
P: Buscas escapar de las formas humanas tradicionales. ¿Esa deformación anhela asustar o seducir?
Yo busco acercarme al transhumanismo. No tener esa proporción de cuerpo perfecto ni nada parecido. Perder ese cuerpo más humano y convertirlo en formas extrañas. Deformar la realidad. No lo hago con intención de dar miedo, creo que el miedo sale solo. Hay una belleza que no es tradicional, pero hay algo que atrae. Da miedo, pero gusta. Es que el rechazo atrae, es contraproducente, pero sí.

P: A menudo a las personas no binarias se les exige una androginia concreta, ¿te ha ayudado esa alteración a escapar de ella?
Bastante. Al principio era como llevar lo que no me atrevo a llevar todos los días. Se entiende como expresar mi identidad de una manera que si no fuese gracias al drag no podría. Es como una vía, en el drag como que todo se disuade un poquito. Yo andrógino lo soy fuera de drag y en drag, solo que el drag me ha ayudado a entenderlo. A entender que no tengo por qué ser andrógino para ser válido.
P: ¿Cuánta distancia hay entre Joel y Santela?
Cada vez se acercan más. Al principio sí que tenía claro quién era Joel y quién era Santela, pero cada vez la línea está más difusa. Soy travesti. Es algo con lo que vivo todos los días, no es quitarme la peluca y dejar de ser. Es algo que me pertenece. Es parte de mí.
P: ¿Cuáles son los orígenes de Santela?
Santela nace de una necesidad. Una necesidad de explorar, de conocerme a mí mismo. Era algo que yo siempre supe que tenía, pero que no sabía cómo expresar. Santela nació de eso, de una necesidad de expresar lo que tenía dentro. Ella es extravagante, camp, muy camp. Muy pocas veces se la entiende, pero intenta mostrar un concepto.
P: ¿Por qué la bautizaste con ese nombre?
Santela viene de Santiago de Compostela, que es la ciudad de donde vengo yo. Y Rose de El Rosal, que es mi pueblo en Galicia.

P: Estando tan ligada a tus raíces, ¿te ha costado adentrarte en la escena de Andalucía?
Existe el travestismo de toda la vida, que es el que se lleva en Andalucía, en Torremolinos. Ese típico que tú piensas en el travestismo en España y piensas en Andalucía, pero a mí no me costó nunca adaptarme. Yo sigo haciendo lo que siempre quise hacer.
P: ¿Alguna expectativa de la travesti clásica te incomoda?
No es que me incomode tampoco. Yo sé que están ahí, intento alejarme de ellas. Es algo que me interesa, el drag normativo está muy bien.
P: Para hacerte hueco creasteis vuestra propia familia, La Novena.
No las conozco. Es gente desempleada (ríe). Es difícil integrarse porque siempre estarán las de siempre. Que muy bien por ellas, pero que siempre están ellas.
La Novena nace de un concurso en el que nos presentamos la mayoría, que se llamaba Navidrag. A partir de ahí nos juntamos. Era la primera vez actuando de todas las que participamos en ese concurso. Y claro, al estar todas en la misma situación, nació esa comunidad. Sin La Novena nunca hubiese empezado, no estaría donde estoy ahora. Me aporta familia, apoyo. Saber que tengo un lugar.

P: ¿Cuál es el final de tu credo?
Quiero llegar a trascender un poco. A ser un poco recordado, que es lo que busca todo el mundo al final, que alguien recuerde algo. Inspirar. Que alguien encuentre algo que no sabía de él en mí.
P: ¿Qué recuerdo te gustaría dejar?
Me gustaría que la gente dijera: “Mira qué chica más rara, pero bien que se la ha entendido al final”. A veces me han dicho que no se entiende nada de lo que hago, pero yo creo que es porque hay que procesar. Lo que hago no te entra directamente, tienes que pensarlo un poco.
