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Marcus Massalami: «Desmontar la masculinidad es lo más divertido que podemos hacer»

El cuarto expulsado y primer drag king de Drag Race España aborda su participación en el programa, la representación de las masculinidades no hegemónicas y la reivindicación de la cultura lésbica

Por primera vez sale un rey de Drag Race España. Marcus Massalami, cuarto expulsado de la temporada, ha hecho historia al convertirse en el primer concursante de la franquicia que participa en su totalidad como drag king, una incorporación que ha situado en el centro del programa la representación de otras masculinidades y la diversidad de expresiones de género.

Su participación ha estado marcada por la voluntad de mostrar distintas posibilidades estéticas y evitar que su propuesta establezca límites, apunta Massalami, sobre lo que puede ser el drag king. El artista, que procede del teatro, defiende el drag como una práctica artística que permite cuestionar los modelos de género establecidos. «Se está viendo que la masculinidad está representada en otros cuerpos también», señala el drag king.

Massalami también reivindica la cultura lésbica y butch, así como la presencia de mujeres en la representación de las masculinidades. En esta entrevista para Padding Drag Magazine, el artista explica cómo ha vivido su entrada en el concurso, la construcción de su personaje y las dificultades que ha encontrado para abrirse camino en una sociedad donde la masculinidad se asocia tradicionalmente a los hombres.

Marcus Massalami en su look oficial de promo para Drag Race España 6. Fuente: Atresplayer

Te has convertido en el primer concursante de la franquicia que compite específicamente como drag king. ¿Cómo te sientes? 

Para mí es todo un honor. Me siento muy honrado y orgulloso de poder estar viviendo esta experiencia tan extraordinaria, que, como bien dije cuando me expulsaron, no pensé que podría llegar a vivir. Todavía estoy procesándolo.

¿Qué ha significado para ti llevar el drag king a un formato como Drag Race España? 

Creo que ha significado, jolín, sentir que tengo cabida en más espacios. Al final, es como una lucha constante. Llevo muchos años abriendo puertas, ventanas, lo que sea que se me ponga delante, y, ostras, esta era un portal. Al principio es muy abrumador, dices: «Ostras, ¿soy yo capaz?». Que sí, porque si no, no me habría presentado, pero te empiezan a entrar todas las dudas. Ya no tanto por ti, sino por cómo lo va a tomar la gente. Te entran muchas dudas y, a la vez, las ganas de abrir esa puerta son superiores. Te quitas muchos pesos para poder estar ahí dentro. Y eso me ha venido fenomenal. 

¿Cómo ha sido la relación con tus compañeras? 

Muy bien, porque, al final, al estar en escena, en el mundo del drag nos conocemos casi todas. Yo nací y no había drag kings donde yo estaba. Siempre he ido a ver drag queens, siempre he actuado con drag queens, siempre he bebido mucho de esa cultura. No estoy tan lejos de una drag queen. Entonces, no me he sentido para nada fuera de lugar. Era un espacio muy habitable y cómodo para mí. 

También todo el equipo se ha encargado de que así fuese y ha estado todo muy bien cuidado. Para mí, estos detalles son importantes: «traigan a las reinas y al rey»; el lipsync, que haya «una reina y un rey frente a mí». Son cosas que parecen tonterías, pero no lo son. El vocabulario es tan importante y, de repente, se ha hecho el esfuerzo de adaptarlo. Me he sentido como en casa. 

Marcus Massalami en la entrada al taller de las reinas… y el rey. Fuente: Atresmedia

Sin embargo, parece que te daba miedo no ser escuchada por ser una mujer que, además, es drag king. En el segundo episodio, en el reto de costura, decías que te quedabas «más tranquila» al ver que tenías voz en el equipo. 

Eso tiene que ver también con toda mi historia vital como mujer lesbiana. Está el chiste del superpoder de las lesbianas, que es el de la invisibilidad. Siempre, en espacios más masculinizados, cuesta que se te escuche. Pero es verdad que era un espacio travesti, entonces también me ha sorprendido muy para bien cómo mis compañeras estaban muy en la onda. Al final, es un espacio masculinizado, sí, pero también es un espacio muy queer. Ellas también juegan con lo femenino y saben lo que es. Hay algo de compartir experiencias en lo que, al menos yo, me he sentido muy a gusto. 

Has contado que te travistes «desde que tienes uso de razón» y que, al principio, performabas un «travestismo clásico». ¿Cómo fueron esos primeros pasos? 

Yo siempre he sentido la necesidad de travestirme. Soy travesti en esencia. En todos los carnavales, en todas las fiestas, en todos los Halloween, en todo lo que había posibilidad, yo me travestía. Yo empecé por el teatro, porque me metí a estudiar Arte Dramático. Ahí también sentía la necesidad de travestirme, así que empecé a hacer personajes clásicos travestis: de Valle-Inclán, de Shakespeare… Después nos hicieron un encargo para una obra que tenía que ver con el drag y ahí descubrí el drag y el drag king. Fue a través de ese encargo, como algo que me llegó, literalmente. 

Marcus Massalami con el look de ‘Encaje en Caja’. Fuente: Atresmedia

¿Qué fue lo interesante que encontraste en el drag king? 

En cuanto descubrí el drag, dije: «Guau, este arte no tiene límites». Ostras, es que es lo mejor que me ha pasado en la vida: ver que explorar la fantasía te puede llevar a otros lugares, a otros mundos. Lo que yo hacía antes era un transformismo más clásico. Eran personajes escritos por autores con una mirada un poco más hegemónica, no, hegemónica totalmente —risas—. Y, de repente, esa hegemonía se puede romper: puedes llevar el pelo azul y unos tacones, pelo en el pecho, un pecho musculoso de silicona… Hay muchísimas herramientas que te da el drag y que hacen que tu imaginación vuele y que tu creatividad vaya más allá. 

Tu padre es uno de tus referentes y hay algo de él en Marcus Masalami. ¿Cómo construyes tus personajes? 

Soy una persona muy observadora. Cuando era pequeña, era muy aislada, así que me dedicaba a observar absolutamente el entorno. Y el entorno es muy inspirador. Creo que con las masculinidades está más enmascarada esa construcción. Cuando te pones a explorar y a observar muy detenidamente, ostras, se te abre una ventana muy divertida. Es decir: «Mira cómo está —risas—, cómo está performando esto». Pero también tiene que ver con la mirada del otro: cómo se performa en grupo, cómo se performa individualmente, cuando sabe que está siendo observado… 

Desgranar la masculinidad es muy amable. A mí me hace que mi existencia y mi mundo sean más amables, porque parece que es una cosa muy rígida, muy tosca. Por eso se habla de la masculinidad frágil: si se rompe un poquito, se desmonta. Y creo que desmontarla es lo más divertido que podemos hacer.

¿Qué elementos utilizas para jugar con ellas? 

El maquillaje fue uno de los clics que hice al principio: cómo construir esas masculinidades con muchísimo maquillaje cuando parece que son cosas contrarias. Introducir elementos que no tienen necesariamente que ver con la masculinidad, pero que te ayudan a construir esa fantasía, te lleva a otros lugares. En el programa, cuando vi las pasarelas y las leí, había algo, no tanto de estrategia, sino de voluntad de querer mostrar ese abanico de posibilidades. Decir: «Pues mira, quiero llevar un vestido, quiero ir con colores más pastel». Hacer de lesbiana, ¿por qué no? Un drag king puede hacer lo que quiera.

Marcus Massalami en el untucked tras la pasarela de ‘El jardín de las delicias’. Fuente: Atresplayer

En la pasarela de «Impresión CMYK» llegas con una imagen butch, vinculada históricamente al lesbianismo. A menudo se asocia el drag king a lo masculino y, por tanto, a los hombres. ¿Por qué también forma parte de él esta estética? 

Tú, al ser lesbiana, escuchas eso de: «Bueno, ¿quién es el hombre, quién es la mujer?». Estas tonterías. De repente dices: «Ah, que ahora soy lesbiana y resulta que se está cuestionando que soy mujer». Entonces, ¿qué es ser mujer? Creo que con los gais pasa lo mismo, ¿qué es ser hombre? Puedo jugar con esto. Hay algo que casi está impuesto socialmente y que nos hace replantearnos las cosas y ser libres. Decir: «Pues yo, que ya no estoy en el sistema de deseo heterosexual, puedo ser masculina». Total, es que me la suda ponerle a un hombre. Para mí, el drag ha hecho que construya una feminidad y una masculinidad con las que me siento yo. 

La historia butch es la de esas lesbianorras supermasculinas que han estado machacadas e invisibilizadas porque, efectivamente, se salían del sistema de deseo heterosexual. Y, cuando te sales de ese sistema, vienen a por ti. Llevarlas a la pasarela era reivindicativo también. 

De hecho, has hablado de «lesbianizar» el espacio y de recuperar a las mujeres que se han travestido a lo largo de la historia.  

Hay libros de teoría queer que utilizan la palabra queer como un verbo y no como un adjetivo. Creo que va de eso: de queerizar y de lesbianizar. De compartir toda la historia y de que no se nos olvide de dónde venimos. La historia es superimportante y creo que, en los momentos que estamos viviendo actualmente, también a nivel sociopolítico, tenemos que recordar que somos una comunidad, que tenemos que estar unidas en las buenas y en las malas. Cuando hubo aquella crisis sanitaria del VIH, las lesbianas estuvieron ahí. Tenemos que estar ahí. Para mí era superimportante lesbianizar para que se mezclen todas las culturas del colectivo. 

Marcus Massalami en la pasarela ‘Impresión CMYK’ en homenaje a las enfermeras durante la crisis del VIH. Fuente: Atresplayer

En redes sociales hubo cierta resistencia ante la presencia de un drag king en el programa. ¿Cómo percibiste la opinión pública cuando se anunció tu participación? 

Era muy divertido de ver. Era un porcentaje muy bajo, yo pensaba que iba a ser un poco más mixto, pero fue abrumadoramente positivo. Después había cuatro que tenían argumentos como: «No queremos ver masculinidades». Y dices: «Ostras, pues yo voy a fiestas gays, el gogoteo… Quiero decir, ¿tú no quieres ver a un hombre sexy? ¡Qué mentiroso!». Me hacía gracia el propio argumento. Pensaba: «Bueno, esto se te va a desmontar en el cuarto episodio» —risas—. También decían: «Qué aburrida, siempre va a ir en traje». Y pensaba: «Pues es que en el primer capítulo voy con un vestido».

Leía cosas y decía: «He tomado buenas decisiones. Va a ser un concurso chulo para abrir mentes». Ese era el objetivo: visibilizar y abrir mentes. Así que muy bien porque he sentido que esas voces se han ido achicando muy paulatinamente y, al final, casi no están. Siento mucho orgullo de haber conseguido entrar ahí. Cuando ves las grietas por las que puedes cambiar las cosas, es supergratificante.

Si el drag queen se entiende como la exageración de lo femenino y como un espectáculo, ¿por qué el drag king no se percibe igual? 

Creo que las masculinidades son más agresivas. No tienen por qué ser serlo, porque mi drag king no es para nada agresivo, pero creo que ese es el prejuicio, decir: «¡Oh!, ahora vamos a ver a un hombre baboso, agresor». Y no tiene por qué. Las masculinidades también son superbonitas.También hay que tener en cuenta que quienes hacemos drag king nos acercamos a las masculinidades habiendo sufrido violencia por parte de la hegemonía masculina imperante. Entonces, lo transformamos.

El drag king es una celebración colectiva de las masculinidades, que son superpositivas. Lo que no es positivo es que se las quede un grupo muy reducido de gente. También molesta que, de repente, las mujeres seamos masculinas, o las transmasculinidades. Da un poco en la llaga, porque la hegemonía de la masculinidad está muy asociada al poder. De repente estás ocupando un espacio que, supuestamente, no debería pertenecerte. Y es así como hay gente que ha sentido que ese espacio no era mío, porque esto es de hombres. Hay que ir poco a poco, pero esas resistencias son las propias masculinidades intentando que no esté. 

Marcus Massalami con el look de ‘¿¡Qué emoción!?’. Fuente: Álvaro Panda

El escenario de Drag Race España te ha servido como herramienta para deconstruirlas. ¿Estás contento con ello? 

Absolutamente. A mí lo que más me preocupaba de entrar y de ser el primero era generar una expectativa de lo que puede ser o no un drag king. Ha sido un ejercicio muy consciente de decir: «Yo no voy a ser quien le ponga las normas a esto». Por eso quería abrir el abanico y poner a Marcus en situaciones en las que, a lo mejor, en otro momento no lo haría. Para eso está también el concurso, para explorar. Tienes muchísimas posibilidades de llevar el drag hacia donde tú quieres. Es una experiencia superguay.