La tercera expulsada de Drag Race España 6 repasa su paso por el concurso, reivindica el travestismo como herramienta artística y reflexiona sobre la desnudez
Liz Dust ha recorrido los escenarios de Drag Race España con una propuesta que se distancia de la estética maximalista habitual del concurso. Artista vinculada a la escena valenciana, lleva practicando el travestismo desde la infancia y lo profesionalizó en 2014. Bajo el sobrenombre de ‘Un rayo de Liz‘, desarrolla una trayectoria que señala propia de una artista 360: canta, actúa y hasta hace de modelo.
Su paso por la sexta temporada del concurso, en la que se ha convertido en la tercera expulsada, ha estado marcada por una apuesta por el minimalismo. Liz Dust ha defendido una estética más depurada, aunque la coincidencia de varias pasarelas de una línea similar limitó, asegura, la versatilidad que pudo mostrar en el concurso.
Su experiencia en el programa también puso de manifiesto el contraste entre los tiempos de la televisión y un proceso creativo que, según explica en esta entrevista para Padding Drag Magazine, puede prolongarse durante meses o años.

«It’s a new dawn. It’s a new life. And I’m feeling… Liz Dust». ¿Qué es sentirse Liz Dust?
Para mí, es como mi frase. Aparte, soy una amante del jazz, ya elegir un estándar del jazz para mí es muy importante. Pero, sobre todo, ‘Feeling Good’ significa sentirte bien contigo misma. Ir, en mi caso, con mi filosofía Liz Dust para bien y para mal, con todas las consecuencias. Era un poco esa historia y hacer un guiño también a que la música es muy importante para definir mi identidad.
¿Liz Dust nació desde la sencillez que se ha podido apreciar en el programa?
Yo empecé con barba, imagínate, yo era Conchita Wurst. De hecho, me llamaron muchas veces al principio para hacer de Conchita Wurst y de repente me saqué la barba, encontré mi propia forma de hacer y es verdad que al final es la búsqueda. Y la búsqueda de estos últimos años me ha llevado a una simplicidad.
También tiendo a hacer todo lo contrario. Si justamente en el mundo del drag hay una tendencia al maximalismo, a recargar todo, encontré mi camino en, digamos, la simplicidad y en buscar las cosas más puras de alguna manera. En todos los sentidos, no solo en lo físico, sino también a la hora de actuar.

Drag Race valora, precisamente, la espectacularidad y la elevación. ¿Te has sentido fuera de lugar?
Yo no soy una tía tonta que no sabe adónde va. Sé que hay una tendencia al barroco, a llenar de elementos, a sobredecir. Y, sin embargo, como me gusta aportar algo, creo que en este caso era decir lo mismo con menos y de una manera no gratuita. No es el núcleo de mi identidad, pero forma parte de mi gusto estético o de mi percepción.
¿Te ha jugado una mala pasada?
Me ha jugado una mala pasada que han coincidido tres pasarelas que eran muy parecidas, que se apoyaban justamente en la simplicidad, porque si vierais todo el arco de vestuario que presentaba, había de todo. Yo tenía otras prendas que eran todo lo contrario, incluso cosas que para nada pensaríais que son de Liz Dust. Yo también creo mucho en el destino, supongo que fue para que se acordaran de mí por algo.

¿Se ha quedado alguna faceta artística de Liz Dust sin ver?
Creo que en cuatro capítulos se ha podido ver más o menos lo que hago, porque he podido actuar e incluso he podido, entre comillas, bailar y hacer pasarelas. Otra cosa es disfrutar pruebas como el Snatch Game o el roast, que realmente son a las que me dedico más. Pero el dibujo de Liz creo que ha quedado claro.
No se te ha visto ningún reparo en mostrar tu cuerpo al desnudo.
Yo vengo de las Bellas Artes, para mí el cuerpo no es algo que haya que tapar. Las travestis ponemos el cuerpo y, de alguna manera, estamos expuestas en todo momento, no solo en un programa. Mostrarlo, hablando de los genitales, me parece una reivindicación de no tener reparo. Para mí no entra dentro del pudor ni de lo íntimo, porque al final, coño, forman parte de la naturaleza. Los ves en la historia del arte, están representados de mil maneras.
Drag Race es una plataforma que, aunque sea un concurso, también es un buen megáfono para hablar, reflexionar sobre el cuerpo y poner en bandeja las propuestas artísticas. De las opciones que hay, si hay una tela de lentejuelas, una de raso, otra de terciopelo y está mi piel, pues, en este caso, elijo la piel.

No te defines como una drag queen.
Yo primero me considero artista y luego sí que es verdad que el pincel con el que pinto es el travestismo. Ser travesti para mí es la herramienta, pero a través del travestismo hablo de todo.
¿Por qué el travestismo como herramienta?
Hay algo visceral. Yo desde crío siento el travestismo como parte de mi identidad. Travestirme, expresar mi género a través de lo que se considera femenino, me sirve para acercarme a lo que soy. Lo uso para irme al teatro, irme al museo y hacer una performance. El arte es un vehículo para hablar de muchas cosas: situaciones políticas, la inmigración… No creo que me atraviese solo lo travesti, también habrá pinceladas del feminismo, del anticapitalismo o del anticlasismo.
Lo hemos podido ver en el talent con la versión de A por ti. ¿Estaba pensada para el programa?
En principio no, la verdad. Fue construyéndose, por eso es tan importante el madurar y macerar las ideas. Empezó siendo un ejercicio de darle dignidad a un tema trash de la cultura marica española y luego, cuando se consigue la forma, dices: «Ostras». Hay una letra que puede ser como muy banal, muy sexual, y que puedes girar totalmente y que sea de un carácter totalmente reivindicativo y estar en contra de los que te odian.

¿Qué ha significado para ti pasar por Drag Race España?
Romper un prejuicio personal porque no me las veía todas conmigo. Y no darles tanta importancia a las cosas que no la tienen. Igual estoy en un momento de mi vida que estoy madurando. ¿Por qué no puedo ir a un programa como Drag Race? A pesar de que igual hay ciertas cosas que no encajan con mi filosofía o mis valores puramente estrictos, que tienen que ver con mi identidad, podemos hacerlo un poco nuestro y, por lo menos, pasar y saludar, que eso está bien también.
Entiendo que eso que no encaja es, según tus declaraciones en el programa, tu ritmo de creación con el de la televisión.
Correcto. Puede ser ese tipo de cosas, que es lo que hay. Tampoco me suelo quejar, no soy una persona que se queja. Acepto lo que hay, lo intento adaptar a mis formas y si no puedo, no llego y ya está. El formato no te puede permitir estar dos semanas para crear una canción, que sería maravilloso. Te lo dan y al día siguiente tiene que estar hecho.
¿Cómo es tu proceso creativo?
Yo a cualquier cosa le echo mínimo dos meses. Hay temas con los que llevo dos años, que los miro, los remiro, los vuelvo a mirar… La gente que me conoce sobre todo en Valencia es más testigo, porque ahí tengo mi paraíso artístico, de que mi proceso ha sido como muy poco a poco. Sin darme cuenta he llegado a lo que estoy haciendo. También tiene que ver con los procesos creativos, que es de lo que yo también peco, de que vengo de una rama que es el arte y lo sé hacer de esa manera.

¿Te consideras sobreexigente?
Yo creo que sí, supongo que sí. Sí, para qué te voy a mentir. Lo que pasa es que intento perdonarme mucho y no flagelarme, porque tampoco puedes estar con el diez constantemente. Pero sí que pienso que las cosas tienes que hacerlas bien dentro de tus capacidades, que por lo menos tú estés contenta con el resultado. Me gusta que lo que hago quede bien y a otro pasito más.
En el programa llegas a decir que tal vez el concurso no estaba hecho para ti. ¿Estás contenta con tu paso por Drag Race España?
El concurso son días, son horas, no es mi vida. Ahora ha pasado tiempo y, por supuesto, me da mucha marcha. Estoy supercontenta, me encanta todo. De hecho, me hubiera encantado quedarme en el concurso sin concursar, porque ya no es solo lo de delante, sino las compañías, me he reído mucho con ellas. Me hubiera encantado que eso hubiese sido un campamento.
Por mucho que me haya ido, no voy a ir de reventada para nada. Tengo ya casi 40 años, creo que empiezo a saber un poco lo que sé hacer bien, lo que sé hacer mal… Yo, por ejemplo, en el talent del baile, tuve que ensayar como una perra porque no estoy acostumbrada a bailar. Entonces, me puse a bailar hasta bien tarde y estaba todo el rato repitiendo pasos. Para ellas era más fácil, para mí no. Supongo que si ellas tuvieran que cantar en directo, estarían preocupadas por otras cosas.

Son muchas disciplinas dentro del travestismo.
Tampoco ha salido mucho a relucir esto: hace años que no hago ningún lipsync. Pero también tengo que ser sincera y decir: «Oye, es que voy a un programa en el que, vamos, que te salvas si haces un buen lipsync».
¿Sentiste nervios en el momento?
Yo estoy nerviosa siempre. Lo que siento en un lipsync lo siento en muchas partes. También te digo una cosa, la percepción que yo tengo del programa no es la misma que se puede ver en la pantalla, porque son dos lenguajes totalmente diferentes. Yo realmente no estaba tan atacada como podrías estar viéndolo desde casa. Era un trámite que tenía que hacer. Y si tengo que hacer el cuadro, lo hago, no se me caen los anillos, porque me gusta hacer el cuadro.
Ahora, con el tiempo, ¿te ha gustado verte en la pantalla?
No me he visto mucho. Estoy aguantando para verme tranquilamente. No me apetecía verme, me he visto por clips. A mí me gusta mucho la vivencia, si me dedico a la performance es justamente por eso, por lo que me genera en ese momento. Para mí Drag Race acabó hace medio año, yo ya he pasado página. Lo de ahora es otra cosa, es una interacción con el público, pero yo ese capítulo ya lo he cerrado. Y me lo quedo para mí, eh. En el fondo, yo no podía morirme sin haber estado en Drag Race.
