Tras ganar ‘Make Up Stars Drag Tour’, Chanel Anorex reflexiona sobre su evolución personal y el momento vital del que nace ‘Si ya no queda nada’
Tras ganar el programa ‘Make Up Stars Drag Tour’ de RTVE Play, Chanel Anorex decide detenerse y mirar hacia atrás. La drag salmantina, conocida por concursar en Drag Race España 3, publica paralelamente a su victoria ‘Si ya no queda nada’, una canción que nace desde la fragilidad y el cuestionamiento personal. En esta entrevista para Padding Drag Magazine, Chanel habla del contraste entre el éxito y la vulnerabilidad, de la presión sobre las travestis en la industria y de la necesidad de volver al origen creativo como forma de seguir avanzando sin perderse por el camino.

Ganas Make Up Stars y publicas ‘Si ya no queda nada’. ¿Cómo se explica esa contradicción entre tu victoria en el programa y el estado emocional desde el que nace el tema?
Para mí este contraste tiene algo muy simbólico. Es curioso porque he estado en los dos sitios: en el de ganar y en el de perder, en el de sentirte arriba y en el de plantearte si todo esto realmente vale la pena. La canción funciona casi como un recordatorio personal. Es echar la vista atrás y decir: mira cómo estabas hace un año, mira lo que te pasaba por la cabeza entonces… y, ahora, mira dónde estás.
La vida da muchísimas vueltas. ‘Si ya no queda nada’ no nace desde el momento de ganar, nace desde un sitio muy frágil, y precisamente por eso tiene sentido sacarla ahora. Es como decirme a mí misma: eh, acuérdate de cómo estabas entonces. Luego miras el presente y dices: ostras, es verdad. Hace un año me planteaba si esto merecía la pena y ahora estoy ganando un programa en la televisión pública.
¿Te parecía importante que el público conociera ese otro relato, el de la fragilidad, justo cuando llegaba un gran reconocimiento para tu carrera?
Sí, porque Make Up Stars me parecía una oportunidad muy buena, no solo a nivel personal, sino por lo que supone para el drag. Estamos hablando de televisión pública, de una plataforma como RTVE Play al que cualquiera puede tener acceso. Yo al programa en el que me di a conocer, Drag Race España, le tengo un agradecimiento absoluto. Me lo ha dado todo: me ha hecho crecer, mejorar, espabilar, incluso a base de palos. Solo tengo palabras bonitas. Pero también necesitaba salir un poco de ese ‘apellido’ que se nos pone, demostrar que hay vida más allá de Drag Race, que las travestis podemos estar en otros canales, en otros formatos y en otros espacios.
En ese contexto, enseñar también mi parte más frágil me parecía importante. Porque detrás del concurso, del maquillaje y del éxito, hay una persona real. Y creo que está bien que eso también se vea.

¿Qué ha supuesto ganar y participar en Make Up Stars Drag Tour para tu carrera drag, más allá del premio?
Participar ya ha sido un regalo enorme, pero ganar… ganar ha sido muy personal. Para mí ha sido como la guinda del pastel de un año de trabajo muy intenso, no solo a nivel drag, sino también de salud mental. He trabajado muchísimo con mi psicólogo, en creerme más, en valorarme, en acabar de una vez por todas ese síndrome del impostor que tenía en la cabeza. La victoria la he sentido como una afirmación vital, como que la vida te diga: todo este año lo llevas currando, aquí tienes tu recompensa. Más allá del reconocimiento o de lo que me pueda traer laboralmente, ha sido algo muy íntimo. Un ‘lo has hecho’ para mí misma.
El programa pone el foco en el maquillaje como lenguaje artístico. ¿Sentiste que era un espacio donde tu trabajo se entendía y se respetaba?
Desde el primer momento sentí que el equipo valoraba todas las propuestas por igual. Da igual si hacías una cara más beauty con marrones y glitter o si te ibas al monstruo más horrible: entendían todos los lenguajes. Eso para mí fue clave, porque sentía que podía crear con total libertad, dar rienda suelta a mi creatividad sin miedo a no ser comprendida. Y eso, cuando estás concursando, es un lujo.

¿Hubo algún reto, crítica o momento concreto del concurso que marcara un antes y un después para ti?
Más que un momento concreto, creo que jugué muy bien con el jurado. Siempre intentaba ir un paso por delante. Si un día hacía un monstruo verde, sabía que al siguiente me iban a decir: ‘a ver si vas a repetir otro monstruo verde’. Entonces llegaba y les plantaba un beauty de cuidado. Me gustaba darles motivos para que en cada programa se quedaran con la boca abierta. Y eso creo que fue clave.
Lo que sí me quedé con las ganas de hacer el reto del drag canario, porque llevaba una propuesta muy chula, con un tocado increíble hecho por Drag Chuchi. Pero era un duelo en el que me podía ir, y como yo me salvé, pues no pude realizarlo. Algún día ese look saldrá, seguro.
Durante el programa, ¿te planteaste en algún momento que podías llegar a ganar, o fue una sorpresa final?
En ningún momento pensé que iba a ganar. Nunca. No por falta de confianza en mi trabajo, sino porque yo pensaba: ‘¿cómo voy a ganar yo otro reality viniendo de otro programa y de otra cadena?’. Hasta que no dijeron mi nombre, yo tenía clarísimo que no ganaba. Y por eso mi reacción fue quedarme tiesa. No lloré, no grité, ni celebré, me quedé como bloqueada. Necesité ver las caras de mis compañeros diciéndome ‘te lo mereces’ para empezar a entender lo que estaba pasando.

Si volvemos a tu tema ‘Si ya no queda nada’, este nace en un momento en el que incluso te planteaste dejar de ser travesti. ¿Qué necesitabas decir con esta canción?
Siempre he mostrado las dos partes: la Chanel petarda y la persona que hay detrás. Y esta canción nace en uno de mis momentos más bajos. En lugar de quedarme en casa hundida, pensé: esto lo tengo que aprovechar, aunque sea como último cartucho.
La hice como un regalo para mi yo del futuro. Para escucharla dentro de veinte o treinta años y decir: ostras, todo lo que hice, todo lo que fui. No como una despedida de ahora, sino como una cápsula emocional para cuando ya no esté en el escenario.
¿Te ha costado más exponerte emocionalmente en la música que en un formato competitivo?
Es muy distinto. En un programa, el relato no depende solo de ti: hay edición, formato y un objetivo claro que es entretener. Ahí no puedes contar quién eres al cien por cien. La música, en cambio, sí es completamente mía. Y además queda como legado. Por eso quise usarla para contar lo más personal, para hablar de esa pregunta que nos hacemos muchos artistas en algún momento de: ‘¿Esto realmente vale la pena?’. No me sentía identificada con el discurso de empoderamiento constante que tienen algunas canciones de travestis, yo no estoy en ese rollo, sino que en mi siguiente tema necesitaba mostrar mi parte vulnerable, siendo quien soy.

La canción habla de pérdida y de vacío. ¿Sigue doliendo hoy cuando la cantas o la escuchas?
La verdad es que no me duele. Ahora la canción es un recordatorio para seguir adelante. Por eso tardé un año en sacarla: no quería hacerlo desde el dolor, sino desde la fortaleza. Hoy la canto desde la nostalgia y la superación. No desde la herida, sino desde todo lo que he aprendido y todo lo que he conseguido superar.
En este momento, entre perder y ganar, ¿dirías que estás cerrando una etapa, reconstruyéndote o empezando algo nuevo?
Estoy cerrando una etapa bastante complicada. Un año en el que caí mucho en la comparación, en exigirme más de la cuenta y en perder de vista por qué hacía drag. He aprendido que en el momento en el que entras en ese bucle, el drag se disipa. Pero también he sabido que, cuando pasa eso, hay que volver al origen, a cuando empezábamos por puro disfrute, mucho antes de concursos y expectativas. Cerrar esa etapa me permite mirar hacia delante desde un sitio mucho más sano.
